EL EXCREMENTO DEL DIABLO

Jorge Cárdenas /

Pido disculpas por el título de este artículo de opinión. Aunque la frase no me pertenece, se atribuye a un ilustre venezolano, experto en materia petrolera, Doctor Juan Pablo Pérez Alfonso, conocido popularmente como «el padre de la OPEP». El prominente estadista, buscaba justicia para Venezuela, con respecto a los ingresos del petróleo y deseaba conservar ese patrimonio para las generaciones futuras. Sin embargo, Pérez Alfonso vislumbró el mal uso que se le daría al hidrocarburo y desencantado con la marcha de la política petrolera afirmó que el petróleo sería «el excremento del diablo», debido al despilfarro, errónea administración e injusta distribución de esta renta.
De igual manera, el ex-presidente Rómulo Betancourt, en su obra «Venezuela, Política y Petróleo», publicada en 1956, advirtió que «el petróleo, lejos de ser una bendición automática, podría convertirse en un instrumento de dominación, si se entregaba sin contrapesos a intereses extranjeros y a élites sin arraigo democrático».
Para que tengan una idea de la importancia del hidrocarburo, el petróleo constituye la primera fuente energética para la humanidad; no existiendo aún otra fuente alterna que lo sustituya a mediano plazo, siendo el carbón la segunda fuente en importancia (fue el primer recurso energético en los siglos XVIII y XIX, sirviendo de gran impulso a la Revolución Industrial a partir del año de 1750 en Inglaterra).
Ahora bien, al argumento principal, se suma que hoy día, el petróleo motoriza el 90% del parque automotor y mueve el 75% del parque industrial en el mundo.
Debo agregar que en mi época de estudiante de economía, específicamente a inicios de los años 80, cursando la cátedra «Economía y Política Petrolera de Venezuela» el profesor de la materia mostraba un libro titulado
«Los 4 mil derivados del petróleo». Actualmente, se estiman hasta 6 mil derivados de los cientos de miles de compuestos, según el nivel del procedimiento químico empleado, dado que de esta materia prima también provienen fármacos y productos medicinales.
El petróleo en nuestro país aparece a finales del siglo XIX. Sin embargo, a partir de 1925 comienza su exploración, explotación, producción y comercialización, con la llegada de las transnacionales petroleras. Desde allí inicia un crecimiento progresivo, desde el punto de vista económico y social, a pesar de estar Venezuela comandada por regímenes dictatoriales.
Es así, como a partir del año 1958, establecida la democracia en el país, el petróleo cobra gran relevancia por su apalancamiento en mejoras y reivindicaciones en sectores como infraestructura, educación, salud, vivienda, electrificacion y otros. Fueron 40 años de democracia que, con sus errores y defectos, se tradujeron en tiempos de progreso y bienestar, particularmente para una clase media fortalecida. En el último cuarto del siglo XX, específicamente en 1975, se creó PDVSA, empresa estatal manejada con mucha pulcritud, tecnicismo y eficiencia, llegando a ser considerada la tercera petrolera más importante del orbe.
Una vez iniciado el siglo XXI, comandados por un régimen comunista, Venezuela cedió su soberanía y el petróleo a Cuba, Irán, China, Rusia y el ELN.
Fue así como a partir del 2002 hasta el 2012, se sobrevino sobre este nefasto régimen, a manera de golpe de suerte, la bonanza más larga con el precio anual promedio del barril de petróleo más alto de nuestra historia (90-100$).
Lamentablemente, la bonanza de petrodólares no fue aprovechada para el avance cualitativo de la nación, por el contrario, los cuantiosos recursos se despilfarraron, y buena parte fueron destinados a tejer de rojo a casi toda Centro y Suramérica con el proyecto transnacional del «Socialismo del Siglo XXI».
También a lo interno, en medio de la bonanza nos impusieron una combinación y mezcla de comunismo con excremento, logrando un modelo diabólico que lucia indestructible.
Hoy día, los venezolanos todavía sufrimos los embates y efectos del comunismo, cuando a diario, por un mínimo de 6 horas, mediante racionamientos perversamente programados, dejan a oscuras la población y se afecta la actividad económica. De igual manera, hay racionamiento en el despacho de combustibles, bajos salarios, pulverización de la moneda y la existencia de una inflación prolongada, poniéndose de manifiesto la intencionalidad, premeditación para profundizar el control social y la crisis.
Actualmente, los venezolanos nos encontramos escandalizados por el acuerdo petrolero suscrito entre los EEUU y nuestro país.
En ese sentido, un nutrido grupo de calificados representantes de las academias nacionales, universidades, gremios empresariales y organizaciones no gubernamentales expresaron a través de un «Manifiesto» un firme rechazo al denominado «Acuerdo Petrolero». Según la declaración, el convenio fue pactado bajo condiciones de «extrema opacidad y precariedad legal», poniendo en riesgo activos energéticos cruciales para el futuro de la nación. A la par, cinco de las grandes compañías petroleras del mundo, Exxon, Cónoco Philips, Aramco, Shell y Hallyburton, lo han dejado muy claro; no invertirán un centavo en el país, mientras no exista un gobierno legítimo, electo por voluntad popular, que ofrezca garantías juridicas y respete las leyes.
Sin las grandes compañías y sus inversiones, la explotación del petróleo venezolano continuará siendo un excremento del diablo, sin sustituto, y empresas sin capital.
A pesar de las mayorías, el excremento del diablo ha logrado que en Venezuela pesen más los negocios e intereses y la salvación del interinato que la libertad de un pueblo.

jorgecardenas055@gmail.com

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